OPORTO

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Escapar. Dejar atrás la lluvia y los nubarrones. Una hora de vuelo para alejarse tan cerca. Una hora menos para olvidar la rutina y pretender que es viernes. Segundafeira suena mejor que lunes, ¿no crees? Mirar como una niña y ver el mundo por primera vez. Pareces más alta, más rubia, con los ojos más azules. 

La vida sienta mejor cuando te duelen los pies de caminar sin rumbo, siguiendo el mapa del revés. ¿Por donde se pone el sol? No hay hora para descansar o tomar aire, la dura vida del turista. Una iglesia, un palacio, la estación, una torre. Ponme una copa de vino verde y ya no podré dejar de sonreír. Me gustas tanto.

El acento cerrado, el corazón abierto. Corazón de gallo que canta en la música de las plazuelas. La ropa tendida viste los balcones de fiesta. Saludan los azulejos de las fachadas para sacarle los colores a la piedra oscura, testigo de reyes y conquistas. Café de pescadores, platos de sardinas, rabelos por el Douro.

Hay gaviotas vigilando nuestras sombras desde lo alto. Miran curiosas, perplejas; los ojos oscuros, el cuello torcido. Pían, o graznan. No sé cómo se llama el sonido de las gaviotas. Otean, observan, desconfían. Planean  orgullosas, dueñas del cielo. Las ciudades con gaviotas son siempre más bonitas.

Huele a brisa y a lluvia. El sol asoma con timidez por encima de los tejados. Subimos cuestas empedradas, nos perdemos por callejuelas. Encuentro aliento en tus brazos,  me enciendes y me arrullas. No hay nada que no podamos vencer juntos. No hay viento que nos detenga. El río es muy ancho pero tenderemos un puente de hierro para cruzarlo. De la mano es más fácil. Siempre. 

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