Reflexiones

NO SOMOS CONSCIENTES

Una vieja amiga –no por edad, sino por años de amistad– me dijo hace poco lo importante que yo soy y había sido en su vida, lo mucho que me admira y que soy un referente para ella. Semejante confesión me pilló por sorpresa, me hizo llorar y reflexionar: más allá de nuestros propios hijos, para bien o para mal…

No somos conscientes del impacto que provocamos en otras personas.

¿Cómo voy a ser yo referente de nada ni de nadie? ¿Qué alcance tienen mis palabras, las decisiones que he tomado en la vida o mis sonrisas? No nos damos cuenta cuando le alegramos el día a alguien con un “qué bien te ves” o cuando le damos un zarpazo que dejamos marcado en la piel con un “cállate”. Tanto que el ser humano busca trascender y resulta que no necesariamente lo conseguimos a través de nuestro trabajo, sino, sobre todo, de nuestros propios actos. Y no lo entendemos.

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A raíz de esta anécdota, recordé la película ¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra (1946). Siempre me resultó inquietante el hecho de poder contemplar una realidad en la que no existes y las consecuencias que eso supondría. Qué subsistiría, qué no, cómo serían nuestro entorno y nuestros seres queridos si nosotros no hubiésemos nacido. Tu vida sin ti vista por un agujerito.

Solo así entenderíamos la magnitud y el sentido de nuestra existencia.

Metafísica pura. Y es que somos animales sociales, por lo que la forma de comportarnos con cada persona provoca una reacción concreta, intrínseca a esa relación. Lo que podría adentrarnos en el pantanoso terreno de las expectativas que generamos en los demás, que derivaría en las frustraciones que eso conlleva y en el odioso “qué dirán” que nos bloquea.

Pero no, hablo de los gestos sencillos que hacemos sin mayor intención, de cómo tratamos a los que nos rodean y el impacto que eso causa en ellos. El efecto mariposa más simple: un pequeño acto de bondad o de amabilidad tiene una consecuencia mayor que una gran obra. Eso es trascender, lo que dejaremos en la Tierra. Y no nos enteramos.

Recientemente ha fallecido de forma prematura el hermano de otra amiga. Leo sobre la  trascendencia de su obra como periodista certero, pero intuyo que para sus seres queridos lo más relevante es quién fue esencialmente: un marido enamorado, un hermano amigo, un padre entregado, un hijo devoto. En mi caso, esta amiga fue mi faro en la decisión más importante de mi vida, y no sé si ella sabe lo determinantes que fueron sus propios actos para mí. Solo eso perdura de los seres que nos rodean: su huella en nosotros. Y deberíamos agradecérselo a quienes admiramos y conceder que somos inspiración.

Es probable que nunca aparezcamos en los libros de historia o en la wikipedia, pero estaremos en el corazón de más personas de las que imaginamos. Y no somos conscientes.

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