Relatos

AGONÍA

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Apesta a carburante. Huele también a goma y a grasa, algún gas me atufa y, junto con el ruido del motor, gutural y monótono, se me cierran los ojos. La carretera está llena de baches que no nos dejan rodar muy deprisa. Me golpeo arriba y abajo cada vez que botamos, eso me mantiene despierto. Parezco una maldita larva dentro de un capullo oscuro y hostil. Mis rodillas chocan con las paredes y noto la chapa caliente. Quizás sea un viejo Seat de los que coleccionaba papá en miniatura, porque este maletero no está tapizado.

Tengo que salir de aquí. Recuerdo una película en la que el rehén conseguía hacer señales desmontando el faro desde dentro. Voy a intentarlo, aunque no veo nada. ¿Acaso soy yo un rehén? ¿Por qué? Estiro el brazo derecho en diagonal y noto el calor del foco. Será aún de noche. Hay unos cables, pero no llego bien con las dos manos. Quizás pueda acercarme si consigo moverme más hacia arriba y enderezarme un poco. Tiro de abdominales, como me dicen en pilates, me impulso lo que puedo con los pies y asciendo algo, lo suficiente para liberar los brazos todo lo posible y quedarme a la altura del faro.

He conseguido soltar el casquillo, sujeto la lámpara, aunque está grasienta, y comienzo a moverla. Lástima no recordar las señales de los Scouts. La agito como puedo a ver si alguien circula detrás de nosotros y lo nota. Ilumino algo aquí dentro, pero no hay nada que ver. La chapa es negra, o azul marino. Sólo sé que este pringue lo cubre todo.

Paramos. Se abre una puerta del coche y oigo pisadas que se acercan hacia mí. Escucho voces, pero no distingo lo que dicen. Ahora se alejan. ¡Socorro! Que alguien me ayude. Intento empujar el faro con todas las fuerzas para ver algo ahí afuera. No hay manera, está durísimo y casi no tengo espacio para hacer presión con mis manos. En las películas siempre mienten: no se puede desmontar un faro tan fácilmente.

Ahora que está el motor parado, empiezo a sentir frío. Estoy en pijama, descalzo, los músculos tensos, el cuerpo encogido. No se oye nada, silencio absoluto. Tampoco entra luz. Tengo miedo, mi estómago se contrae. ¿Cómo he llegado aquí?

Oigo golpes de agua sobre la chapa del coche. Me pica la garganta, los ojos me lloran. No dejo de toser. Hay un fuerte olor a gasolina y a humo. Golpeo la puerta del maletero con  pies y manos tan fuerte como puedo. ¡Sáquenme de aquí! Nadie contesta. Sólo se escucha un ruido siseante que me ensordece, cada vez más intenso.

Llega un calor insoportable de la parte delantera. Me sofoco, estoy mareado. ¡No, no! Una humareda me envuelve y empiezo a sudar. Grito, lloro, pataleo. Golpeo la cubierta como puedo, no tengo fuerzas. Toso, me ahogo. El olor a neumático quemado me está asfixiando. La chapa abrasa, todo arde.

 

 

2 comentarios en “AGONÍA”

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