LA PASIÓN DE LA PEREZA

Se acerca pegajosa y me susurra que aún puedo dormir cinco, diez, quince minutos más. tiempo_webMe engatusa y me atrapa con excusas que empañan los sueños de la mañana. Aturde mis neuronas con su canto de cigarra y nubla el deseo de empezar fresca un nuevo día. Me convence de que habrá tiempo y me retiene hasta que el presente se hace pasado en mi reloj sin cuerda. Corro, me apresuro, siempre con la lengua fuera y la angustia dentro. Y esta perra sanguijuela, que chupa mi energía desde que recuerdo, me instila mil motivos para dejar las ganas a un lado y abandonarme al dulce quehacer de no hacer nada.

Nació cansada y en domingo. Es enemiga de actividades, subversiva a la acción, rebelde sin rutinas. Su afición es perder el tiempo. En el ring de mi mente entumecida celebra satisfecha la victoria de la procrastinación sobre el impulso. Diez a uno contra la fuerza de voluntad, todas las apuestas a favor del vicio genético. “Garea, si tú quisieras”. El martillo de la desidia golpea un carácter anestesiado. Adolescencia con los hábitos de un monje sin sacrificios.

El músculo de la voluntad decrece en proporción directa a la erección de la flojera. La carne se hace pesada, se hunde en el colchón de este pecado capital. Ladrona de minutos infinitos, diosa de la desgana, reina de la monotonía. Las tostadas se me queman mientras la tortuga bosteza a deshoras. Es un monstruo que desorganiza las rutinas y hace trizas las agendas. Deja para mañana lo que no quieres hacer hoy. Cualquier atisbo de emprender un camino de inquietudes se disipa en el paisaje de la lasitud.

Unas sábanas o un sofá, mil alternativas frente a monstrosla obligación, y los músculos de piedra cuando se trata de iniciar cualquier movimiento necesario. La losa del deber llama a la puerta de una voluntad sorda. Nada, no se mueve. Las agujas pastosas avanzan pesadas sin margen para cumplir las tareas. El tesón se hace un ovillo, como un oso hibernando, esclavo de la abulia. ¿Dónde están las ganas, matarilerilerile? No hay antihistamínico que acabe con esta astenia primaveral perpetua. Sólo la motivación escondida en el fondo del mar, matarilerilerón.

No existe pasión más poderosa que la pasión de la pereza – Samuel Beckett

 

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