ESPERANZA

Desde que falleció su esposo, Amelia se había entregado con devoción a cultivar las flores de su terraza. Las hortensias eran un vergel de racimos violáceos entre las jardineras de terracota. Por la barandilla cascabeleaban los geranios, rojos, rosas y anaranjados, sofocando la palidez de las hojas de hiedra. Los tiestos de petunias salpicaban las paredes como pequeños soles que reflejaran la luz del mediodía. Su terraza destilaba la alegría de la primavera.

71ca90173891cd463d07fc9fd239031e

Amelia florecía cuidando de su jardín. Hablaba con ternura a cada pétalo, animando las macetas con su voz. Limpiaba las hojas caídas con sus manos desnudas y acariciaba la tierra para sentir la humedad necesaria. Las flores le respondían con la fragancia de una tarde de verano.

Los últimos meses había sufrido mucho por sus plantas, con poco tiempo para atenderlas mientras entraba y salía del hospital. Tanta química en su cuerpo la había dejado tan mustia como a las flores de sus petunias, que anticipaban ya los días grises del otoño.

Estaba tomando el café de la mañana en la terraza cuando sonó el teléfono. Su doctora le anunció que el cáncer había remitido y estaba libre de malas hierbas. Colgó y se puso sus guantes de jardinera. Cortó unos esquejes de la hortensia con delicadeza, limpió suavemente la base de los tallos y los metió en un jarrón con agua. Amelia sintió la esperanza verdecer en su interior cuando descubrió los brotes que renacían con la llegada de un invierno templado.

Anuncios

2 pensamientos en “ESPERANZA

Si te ha gustado, deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s