EL VIAJE DE OGÚ

Cuando estaba embarazada, comencé a preparar mi nido con todo el amor del mundo. Aparte de lo necesario y de la ropita que iría aumentando la ilusión por la llegada de mi pequeña Miss Sunshine, encontré en una conocida tienda un koala de peluche, suave y desgarbado, que me enamoró. Siempre me habían gustado los koalas, de hecho, tengo cierta tendencia amorosa a abrazarme a Mr. Good como uno de estos marsupiales en busca de cobijo. Poco podía imaginar entonces todo lo que representaría aquel muñeco con los años.

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Lo guardé con cuidado hasta que llegó el momento de ponerlo junto a mi bebé. Mi pequeña Miss Sunshine se acostumbró a la seguridad de su compañía y al contacto mullido de su cuerpo de pera menudo. Lo buscaba para dormir, como el chupete que apaciguaba su llanto. Lo arrastraba junto a ella por suelo, arena y hierba. No había momento que no compartiera con su pequeño amigo, que iba tomando un aspecto manido, reflejo del amor que recibía. Se convirtió en protagonista de fotos y recuerdos, compañero de los viajes por el mundo de su pequeña propietaria, y fue bautizado con un nombre gutural difícilmente pronunciable. Algo así como Ohhgghheú, que derivó en un sencillo Ogú.

En este tiempo, Ogú sufrió algún que otro descuido. Con ello aprendimos a revisar bien antes de abandonar cualquier lugar, lo que no quitó para que tuviéramos que volver a por él a riesgo de perder un avión, que detuviéramos a voces un taxi que se lo llevaba o que tuvieran que revisar cámaras de seguridad para recuperarlo. Hasta que llegó un día de prisas y carreras en uno de nuestros viajes de vuelta a Madrid. Entre una visita al pediatra, recoger a mis padres, una comida en un restaurante y recados diversos, Ogú se soltó de la mano de mi pequeña Miss Sunshine. Tardamos demasiado en darnos cuenta para poder encontrarlo, a pesar de recorrer de nuevo todo el trayecto del día. No hubo suerte: alguien se llevó al pequeño koala de peluche sin pararse a pensar que detrás había una niña desesperada por reunirse con él.Ogú

Desde entonces, a pesar de haber intentado dar con él por todos los medios, muchas han sido las noches de desconsuelo de mi pequeña Miss Sunshine al sentir la ausencia del compañero de aventuras. Y a nosotros se nos rompía el corazón. Ni Koala, el peluche con el que llegó felizmente a nuestras vidas mi querido Mr. Good, procedente de Australia, ni ningún otro muñeco han podido suplir el amor por su primer amigo. Ni siquiera las historias sobre las andanzas y nuevas familias que imaginábamos estaría descubriendo Ogú. Él sigue presente casi un año después y no nos hemos rendido. En un último intento, después de localizar una marca que fabricaba peluches muy similares, la magia de internet dio sus frutos, y en un portal de compra-venta mi querido Mr. Good encontró un muñeco prácticamente igual.

Nosotros sabemos que no es Ogú, pero la emoción en la cara de mi pequeña Miss Sunshine y sus ojos de sorpresa totalmente abiertos al saber que en unos días volverá a reunirse con lo más valioso de su vida, merecen todas las mentiras piadosas que podamos inventar. Esperemos que haya aprendido alguna lección con este viaje de Ogú, porque hoy llega por fin el miembro que nos faltaba en esta familia de koalas.

 

 

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