VIVIR

Esta semana comenzó con una noticia tan triste como la muerte de un amigo. Un hombre estupendo,  una buena persona que se ha ido demasiado pronto. No por esperada, después de la difícil enfermedad que padecía, su marcha es menos dolorosa. Me quedo en shock, sola, sin saber cómo mitigar esta pena. Un paseo con Frida y escribir estas líneas son el único modo de encauzar la tristeza, la frustración de no estar cerca, de no poder compartir una última sonrisa. Me consuela pensar que ya no sufre, que su calidad de vida ya no importa, que la espera ha terminado. Me agarro al recuerdo de nuestras últimas charlas, que tuve la suerte de disfrutar no hace mucho. Me quedo con su sentido del humor (“necesitas un mariquita en tu vida”, fue su último consejo), con su forma tan divertida de hablar un idioma propio, su ingenuidad, su calidez, con todo el amor del que ha sabido rodearse siempre y la última foto que nos tomamos juntos.

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La vida continúa y a mitad de semana mi madre cumplió ochenta y cinco años afortunadamente, con una frágil salud de hierro, las energías mermadas y el corazón grande y generoso como siempre. De nuevo siento que estoy lejos y que los besos por Skype son como las fotos de playa en invierno. Todas las emociones confluyen en la nostalgia. Pero no puedo dejar de sonreír, sería injusto, porque tengo a mis padres aún, a mi familia, tengo buenos amigos que me demuestran lo que me quieren. Tengo, sobre todo, a mi querido Mr. Good y a mi pequeña Miss Sunshine, que tienen la fórmula mágica para pintar de color los días más grises.  Cómo no dar las gracias por todo esto.

Hay que aprovechar la vida, está claro. Pero no sólo haciendo lo que más te gusta, o viajando por el mundo, o disfrutando de todas las experiencias posibles. No se trata de exprimir el tiempo y vivir a tope, lo material será inútil. Lo que importa es la huella de las emociones que vamos dejando, aún en la distancia. No sé qué pensaría exactamente mi amigo cuando llegó su autobús, pero estoy segura que se fue tranquilo sabiendo que estaba rodeado de amor, que sus amigos le queríamos y le seguimos imagesqueriendo, y que hizo feliz a un puñado de personas. De eso se trata, ¿no? De irse en paz con uno mismo y con el mundo, con tu mundo. “La conciencia es eterna”, me decía una buena amiga para consolarme. Y eso es lo que nos mantendrá vivos, lo que hayamos sembrado en las personas que queremos. Para mí, César, mi amigo, sigue vivo.

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6 pensamientos en “VIVIR

  1. Que dolor saber que una persona tan joven se nos va, pero lo que tenía ya no era vida, por fin podrá descansar. Sabemos que desde ahora habrá otra estrella brillando en el cielo, y será especial como era (es) él . Besos y no te olvidaremos nunca

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