COMO EL TURRÓN

Volvemos a casa unos días, aunque no sea por Navidad, para disfrutar de unas  vacaciones diferentes. Vamos con unas ganas enormes de ver a la familia y a los amigos, de reconocer los lugares vividos y comprobar que aún no somos unos extraños. Repartimos este tiempo de supuesto descanso entre la vorágine de volver  y el placer de los reencuentros. Y no podemos evitar agobiarnos, porque es difícil llegar a todo en un período tan corto. Hay mucha gente con la que quedar, gente que nos espera, que no nos ha perdido de vista en este tiempo fuera y a la que tenemos necesidad de abrazar. Pero el tiempo es limitado y nuestras energías también. Mi querido Mr. Good seguramente opinará que también lo es nuestro hígado, porque tenemos por delante una agenda repleta de comidas, meriendas, cenas, copas, más comidas, cafés, más cenas, algún desayuno incluso, y todavía más copas, que hay que ponerse al día con todo el mundo. Tranquilo, mi amor, siempre nos quedará París 😉

2015-05-26 15.05.14

Mi pequeña Miss Sunshine hará las delicias de abuelos, tíos y primos con su acento de dibujo animado y sus canciones en inglés y en mandarín. Va a disfrutar de toda esa familia que le falta aquí lejos, mientras ellos comprueban lo que ha crecido, lo que ha cambiado en este tiempo y descubren la fabulosa personita en la que se ha convertido. Será toda una atracción ver en directo esos rizos en movimiento y esa cabeza efervescente después de tantos meses, por mucha tecnología que nos una.

Desde luego, lo más maravilloso de volver, aparte de la bienvenida, será comprobar que el tiempo no ha pasado con la gente a la que quiero, que las conversaciones parece que se quedaron en el punto donde las dejamos y el cariño está intacto, esperando ser desempolvado. Muero por abrazar a mis padres, por detener el tiempo en ese instante con el miedo de no saber cuántas veces más podré abrazarles. Estoy como loca por juntarme con mis amig@s de siempre, con mis “gallinas”, con tod@s es@s con l@s que he compartido aventuras, alegrías, penas, diversión y todo el amor del mundo. Sueño con ver a mis perras saltando de emoción al entrar en casa y llenarme de babas que me matan de felicidad. En definitiva, que tengo ganas de rescatar ese pedazo de mí que se quedó en Madrid hace un año y medio, y contemplar el cielo azul de mi ciudad rodeada de mi gente. Me voy a hacer la maleta. ¡Os veo pronto!

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