VIVO EN UN CENTRO COMERCIAL

Vivo en un centro comercial, literalmente sobre uno. Mi condo se asienta sobre un antiguo edificio estilo Art-decó completamente renovado que, entre otras cosas, alojó la sede del Departamento de Propaganda japonés durante la II Guerra Mundial, y que ahora es conocido por sus tiendas y sus cines. No diré que Singapur es el paraíso de las compras, a pesar de la extraordinaria oferta que posee, porque qué ciudad no lo es ahora mismo. img-about1Los comercios suelen abrir todos los días, festivos incluidos, salvo en el Año Nuevo chino, y la mayoría hace un horario de 11 a 21 horas, más o menos. Como en muchos otros lugares, es en el centro comercial donde haces la compra, acudes al gimnasio o vas de “churreteo”. También es donde ves el último estreno de cine, comes o vas a la peluquería. Pero para todo esto, más vale que te abrigues, porque el encargado de regular la temperatura de los centros comerciales debe ser un señor de Yakutsk, que añora las frescas tardes de verano en su pueblo. A veces se agradece entrar o pasar siquiera por la puerta, cuando aprieta el calor, pero no es de recibo el contraste entre la humedad de la calle y el frío polar de estos establecimientos. Alguna subvención de la industria del paracetamol debe haber por medio, seguro. Así que más vale que lleves siempre una chaquetita o un pañuelo que te cubra bien si no quieres perecer congelada en el pasillo de los lácteos. Más de una cena o de un corte de pelo me ha amargado a mí este exceso hipotérmico.

En estos centros comerciales, como digo, puedes encontrar de todo. Pero de todo. En algunos puedes dar un paseo en góndola por canales que simulan Venecia muy de lejos, o tomar alguna bebida en una azotea ajardinada mientras disfrutas de las vistas de la bahía. Los hay temáticos: para niños, con centros de enseñanza, de actividades, tiendas de ropa o de juguetes y libros; de tipo étnico, bien porque sólo haya ropa india, o porque la estética sea muy china, por poner algún ejemplo; o enfocados a un sector concreto, como la belleza, con todo tipo de establecimientos dedicados al cuidado personal concentrados en varias plantas. La competencia es salvaje con tanta propuesta similar, y lo que puedes encontrar dentro es increíble. Desde señoritas sugerentes (o eso piensan ellas), que le guiñan el ojo con descaro a mi querido Mr. Good para que se entregue a un masaje de incierto final, mientras pasea de mi mano y con la pequeña Miss Sunshine a hombros, a guarderías desangeladas y grises que albergan niños de padres que imagino desesperados por encontrar cualquier plaza asequible mientras ellos se desloman trabajando. Aunque también existen ambientes menos sórdidos, como esas preciosas tiendas de objetos delicadamente inútiles que te hacen soñar con llenar estanterías de piezas mágicas con el único fin de acumular polvo y hacer bonito. O locales que ofrecen clases de todo tipo de artes o tratamientos, desde escritura china hasta foniatría. En un centro comercial de Singapur se podría sobrevivir al aislamiento provocado por una hecatombe nuclear… siempre que lleves bufanda.

Singapore. Marina Bay Sands. The Shopping Mall. Gondolas on channels.

Singapore. Marina Bay Sands. The Shopping Mall. Gondolas on channels.

Por supuesto, tenemos las lujosas firmas internacionales de Orchard Road o Marina Bay Sands conviviendo con conocidos grandes almacenes o cadenas de tiendas de moda pronta que nos son tan familiares. ¡Bendita globalización! Porque no hay nada que te haga más ilusión viviendo fuera de tu país que encontrarte aquí con todas las marcas de Amancio Ortega y sus competidores textiles. Aunque sean un 20% más caro, por lo menos. Pero es que dar con un vestido sencillo, de día, sin grandes pretensiones, que te siente bien y no suelte chispas la tela sólo con el roce del bolso, no es la tarea más fácil en esta ciudad. Y ya, que sea de tu talla, o de la que creías tener, es algo épico. Porque vale que el calor hincha y que retienes líquidos o que la comida de aquí debe alimentar por tres, no sé, pero de ahí a pasar de una M a una XXL, inquieta cuanto menos.

La moda local se centra en chicas MUY delgadas y sin curvas, por lo que los vestidos estilo princesa les sientan muy bien, marcando una cintura inexistente a mitad de costillar y una prominente cadera imaginaria desde la que parten largas piernas zambas. Así que cuando intentas meter un cuerpo con más curvas de las necesarias en esos modelos, pretendiendo mantener la dignidad al comprobar que necesitas tres tallas más para verte ridículamente patética, es desolador. Si no, tienes la opción moda inglesa, con figurines perfectos para la Reina Madre, o fastuosos vestidos indios, poco prácticos para la vida diaria. No es de extrañar que en mi último viaje a España volviera con 10 kilos más en la maleta, porque aún no he hablado de los zapatos, su calidad y su precio, pero podéis haceros una idea. También es cierto que poco a poco voy descubriendo tiendas que merecen la pena, que todo lleva su tiempo.

Algunos me habéis preguntado dónde se hace la compra aquí o cómo son los bazares chinos de todo a 1€ que nos salvan en España de más de un apuro. Los bazares, en este caso, son japoneses y todo a 2$, o bien te vas a Chinatown a perderte entre tenderetes y locales. Para la compra diaria están los supermercados, como en cualquier lugar civilizado, con más o menos calidad y variedad, y de mayor o menor superficie. Nosotros que no tenemos coche, vamos al que nos pilla más cerca andando, con nuestro carrito de la compra clásico, a dejarnos sorprender por el reponedor de turno que lo pasa en grande cada día cambiando los productos de sitio. También está la opción de los wet markets, los mercados de toda la vida, con sus puestos de verdura, carne y pescado, pero reconozco que me da pereza volver cargada a casa en taxi para descubrir que seguro que he comprado los tomates peligrosamente maduros o que llevo carne para alimentar a dos familias de refugiados. También tengo a tiro de piedra un supermercado indio 24 horas, que lo mismo te vende una camiseta que anuncia una estrella de Bollywood que un calabacín malayo, que eso da mucha vida. Y, por supuesto, volviendo a los centros comerciales, están los famosos Sim Lim Square, dedicado a la tecnología, o el gigantesco Mustafa, con más de 30.000 metros cuadrados de compras, que no cierra nunca jamás.

Orchard_Road

Por lo demás, resulta muy entretenido buscar lugares donde comprar objetos sencillos como una escarpia o un clavo que atraviese sin romperse los muros de estas casas (¿para cuándo un Corte Inglés en Singapur?). O descubrir que hay todo un mundo por conquistar de tiendas de muebles y decoración con gusto, aparte de la inmediatez de Ikea y de otros negocios de tendencia híper barroca. Algunos fines de semana arrastro a la familia a algún showroom, un pop-up store o una feria donde comprobar que hay vida más allá del centro comercial.

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4 pensamientos en “VIVO EN UN CENTRO COMERCIAL

  1. Es fantástico descubrir Singapur de la mano de Susana, sobre todo cuando lo has visitado, y vuelves a revivir los sitios en los que has estado con ellos.
    Deberías vender estos escritos a una editorial de libros de viaje, iban a alucinar con tus descripciones, me recuerdan, todo lo que escribes, a una autora que me encanta, Rosamund Pilcher, por vuestra forma de describir los sitios de los que nos hablais

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  2. Pego, estoy fascinada contigo, de verdad. Soy una lectora compulsiva tú lo sabes, en mi horquilla literaria entra de todo, desde Stephenie Meyer hasta Svetlana Aleksijevitj, No me creo nada, ni experta ni critica ni entendida solo me declaro amante de la lectura(la buena la mala y la regular) y muy respetuosa con ella. Me saca de quicio la gente que proclama “no leo best seller porque no son buenos” o “fulanito no sabe escribir”, me parece una falta de respeto hacia alguien que se sienta a escribir delante de una hoja en blanco, acto que me parece ya de una valentia encomiable porque te expones publicamente a todo tipo de ignominias y burradas varias de algunos individuos que andan por ahi sueltos.
    Y tu lo haces fácil, como si te saliera del tirón, como si me lo contaras por teléfono. No son frases rebuscadas de las que tienes que leer 3 veces para entender o sobreentender lo que te quieren contar, es ámeno, educativo, divertido,no es pretencioso, no utilizas giros descabellados ni grandilocuentes . Lo cuentas todo con un estilo “susanistico” tan natural que me da mucha rabia acabarlo.
    Enhorabuena tesoro.
    Que te quieroooooooooo…

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  3. Joé, sister! que la escritora iba a ser yo, que escribes que da gloria leerte. Que me río como qué con tus comentarios y metáforas, que me vuelve a la memoria todo lo visto y vivido en tu “pueblo”, que sigas, mi niña, que como dice Luisa, da una rabia que se acabe….

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