SINGAPUR PARA MÍ ES… (y II)

Singapur para mí, y para la mayoría de la gente, es muy caro. Es una isla, no producen nada y todo hay que importarlo, así que la vida se encarece tremendamente. Ya os contaba lo de los precios de los coches, pero es que el coste de la vivienda es desproporcionado, y el de la compra diaria, una barbaridad. Estamos mal acostumbrados en España con las verduras, la carne, el pescado: tenemos de todo y a buen precio. Pero aquí realmente llega a ser excesivo en ocasiones. Depende de dónde vayas, está claro, y aún así. La variedad no siempre es la deseable, ni el aspecto es el acostumbrado, que esto es Asia, no nos olvidemos. Bien es cierto que no soy de innovar demasiado, que bastante hago con mis pinitos en la cocina, pero hay productos básicos que entran en la categoría de lujo asiático. ¡He llegado a pagar casi 4€ por UN pimiento verde! Muy lustroso, eso sí, pero vamos, ni que fuera de marca.

Sin embargo, en cuanto a oferta gastronómica, estamos sobrados. Hay restaurantes de todos los precios, de todos los países y culturas: desde el lugar más cutre a uno de los mejores del mundo. A veces es difícil elegir, aunque nosotros tenemos una debilidad especial por los japoneses. Nos damos un capricho de cuando en cuando y practicamos lo que llamamos la “sushi terapia” en alguno de nuestros restaurantes favoritos. Mi pequeña Miss Sunshine ya domina los palillos y se muere por el salmon roe, el chawanmushi o el nigiri de salmón.

Pero en lo que respecta a los platos típicos, nuestro preferido es el chilli crab, o más bien su versión black pepper crab. Como habréis imaginado es un cangrejo de mar, del tamaño que elijas (hasta 2,5 kilos el más grande que he visto), bañado en una salsa de chile o de pimienta negra, todo picantito, claro. Se come con las manos, con cascanueces, con pinzas y con lo que puedas, te cuelgan un babero y casi deberían ofrecer botella de aguarrás al terminar para limpiarte. ¡Un escándalo de bueno! Lo de acompañar las comidas con botella de vino es más complicado, dados los precios. Que ya podían exportar Don Simón, aunque fuera. Así que una cerveza fría o un gin sling hacen las veces, si no te conformas con una copa de vino australiano.

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Experiencia gastronómica

Como opción barata y típica están los “hawkers” o food courts: una especie de mercado o galería exterior, donde conviven distintos establecimientos de comida local que comparten la zona de comedor, y en los que puedes degustar todo tipo de sopas (laksa es la más popular), noodles, dumplings, satais, currys, arroces y cualquier parte del cerdo imaginable. Mi primera experiencia fue bastante desafortunada, y aún recuerdo con asco el chicken rice, medio crudo y gelatinoso, del que me salvó mi querido Mr. Good. Para mí, destaca el pintoresco Telok Ayer Market, con su estructura de hierro forjado y su reloj de campana, que ofrece una variedad de platos extraordinaria y se ha convertido en parada obligatoria para todo el que nos visita. Para gustos, los colores, que dicen.

Singapur es sus olores, que son otra experiencia*. Y no porque la ciudad huela mal, que está muy cuidada y presume de ser una de las más limpias del mundo (sí, los chicles están prohibidos, principalmente para evitarlos en las aceras). Los olores, más bien, denotan el barrio donde te encuentras. Orchard huele a perfumes de marca, a limpio, a caramelo y a café. Little India desprende olor a curry, a la mezcla de verduras que venden en la calle, al incienso de los templos y a los ambientadores asépticos de las tiendas de oro. Arab Street es también una mezcla de inciensos, de cordero asado, de agua de coco y aromas dulzones. Chinatown te impregna de olor a fritos, a perfumes baratos, a frutas diversas, y en muchas ocasiones, a “durian”. ¡Ah, el durian! Esa fruta de aspecto amenazador, con una piel como de armadillo cabreado, grandes gajos amarillos como pequeños fetos y olor a mofeta con halitosis. ¡Qué cosa tan desagradable! Si nos atenemos a la evolución por selección natural, el durian debió tener un pasado con más acoso que ni Justin Bieber a la puerta de un colegio de monjas. ¡Qué hambre tendría el primer humano que lo comió! Porque no entiendo su éxito en el país, aunque son conscientes de la pestilencia que desprende y está prohibido consumirlo o venderlo sin envasar en lugares cerrados. Se hacen todo tipo de pasteles, postres, bebidas y lo que se les ocurra. Pero yo no pienso probarlo, lo siento.

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Templos

Entre tanto olor, habita pacíficamente una población de lo más heterogénea: indios, chinos, malayos, caucásicos. Gente de todo el sudeste asiático, difícil de diferenciar para un occidental neófito, reside en esta ciudad estado. Indios de diversas religiones y procedencias. Chinos de distintas generaciones. Y blancos, a los que llaman “angmos”, que venimos de todas partes del mundo. Tanta diversidad le da una esplendorosa vida a las calles, siempre vibrantes. Singapur es un ejemplo de colorido racial y cultural. Coexisten cuatro idiomas oficiales: inglés, mandarín, tamil y bahasa; conviven templos e iglesias de cultos diversos; festividades que conmemoran tradiciones varias. Y todos felices y agradecidos de vivir en un país que, si bien limita en gran medida su libertad de expresión y les guía ciegamente en sus obligaciones y derechos, ofrece gran seguridad y paz. Porque pocas ciudades en el mundo debe haber tan seguras como Singapur. Con razón dicen que es uno de los mejores lugares para criar a los hijos, pudiendo disfrutar de la calle y de los parques con tranquilidad (y calor), con cientos de actividades disponibles para desarrollar, y carísimos colegios con una inmejorable enseñanza competitiva donde educarlos. No todo iba a ser fácil.

*Por desgracia, desde hace más de dos meses Singapur huele a quemado, debido al haze que provoca la quema indiscriminada de campos en Indonesia, para el cultivo masivo de aceite de palma. Si os interesa el tema o queréis ayudar, seguid el link: http://www.greenpeace.org/seasia/stop-the-haze/Stop-the-haze/

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3 pensamientos en “SINGAPUR PARA MÍ ES… (y II)

  1. Creo que ya puedo hablar de Singapur como si hubiera estado Pego, lo he olido, he visto los colores, la gente, he paseado por las calles tan limpisimas de esa ciudad que ha pasado de ser practicamente inexistente para mi a estar en mi lista de información prioritaria.
    Me encanta leerte.

    Le gusta a 1 persona

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