UN CAFÉ CON UNA AMIGA

Un café con una amiga me parecía algo casi imposible hace meses. Casi. Quien dice un café, dice una cena, una comida o una simple charla en la puerta del colegio. Me sentía el “Pegote” que un día fui (va por ti, Luisa). Porque hacer amigos está siendo una de las grandes asignaturas viviendo fuera. Que estamos mayores y ya tenemos todos los amigos que queremos y necesitamos. Pero yo soy un animal social y necesito relacionarme. Entre otras cosas, porque a mi querido Mr. Good le puedo volver loco contándole mis neuras o preocupar con mis silencios.

¿Y qué haces para ponerte a conocer gente a estas alturas de la vida? En mi edificio, poco que rascar, que casi todo son parejas jóvenes sin hijos, que deben vivir para trabajar y pocas veces te los cruzas en el ascensor o en la piscina. La siguiente opción, el colegio de mi pequeña Miss Sunshine. Conocí a la única latina que había cuando llegamos, y entre cumpleaños y reuniones de padres, pues ahí vamos encontrándonos felizmente. Como, además, una es muy educada y saluda a todo el que se cruza por el camino, y la pequeña Miss Sunshine llama la atención con sus ricitos de oro, pues he ido conociendo a alguna mamá más que nos descubrió el maravilloso mundo de los “playdates”. Básicamente, esto consiste en quedar para que los niños jueguen, que los anglosajones rápidamente ponen nombre a cosas que nosotros tardamos diez minutos en explicar. Así que, vamos al “condo” donde vivan, jugamos en el “playground” o en la piscina y charlamos un rato sobre cosas de mamás, sin perder de vista a la criatura para que no se descalabre, se ahogue o termine haciendo cualquiera de estas cosas a algún inocente amiguito. Con esto descubrí que nuestro “condo” es poco “child friendly”, así que tenemos pocas oportunidades de organizar un “playdate” en casa. ¿Qué queréis? Después de un año ya empezamos a hablar Spanglish, no queda otra (¡Gracias, Señor, por no enviarnos a Miami!).

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Otra opción es la amiga de la amiga de una vecina de la cuñada de tu prima segunda que casualmente vive también en Singapur y todos se empeñan en que tenéis que conoceros. Y está muy bien, que no hay nada como ser abierta y tener ganas de ampliar el círculo de amistades, pero, por desgracia, esto no garantiza que nos hagamos amigas así, por ósmosis, aunque todo puede ser.

Por último, antes de ponerme a hablar con cualquier señora en el metro o plantarme en la puerta de la embajada española a poner ojitos, preferí acudir a las redes sociales. Busqué cualquier grupo relacionado con España y Singapur: Españolas en Singapur, Mamás hispanas en Singapur, Amigas de Singapur, Spanish Singapore… Y porque no encontré Rubias de La Moraleja en Singapur, que si no, también me apunto. ¿Qué hago ahora? Pues, nada, a ver qué cuentan y qué se cuece entre tanto corrillo virtual. Descubres que lo mismo te ofrecen un trabajo (honrado), que te venden un disfraz de Frozen o te ayudan a encontrar una canguro, por ejemplo. Organizan comidas o cenas mensuales y alguna, con más ganas de socializar que yo, invita a quien quiera apuntarse a una tarde de juegos para los niños en su casa. Pues allá que me fui yo, agarré a mi pequeña Miss Sunshine y me planté en casa de una mexicana encantadora, a la que no había visto en mi vida, que quería entretener a su hijo pequeño. Así conocí a otra mamá muy simpática con la que ahora comparto té y profesora de español para las niñas –ya empezábamos a españolizar verbos ingleses y a olvidar palabras básicas-. Poco a poco, el círculo se va ampliando, ya veis.

No es que salga sólo con hispanas, pero a mí la amistad, como el amor, me resultan más fáciles en mi idioma. Debe ser que todas las tonterías que digo pierden la gracia en inglés y mi sentido del humor no se entiende igual. Pero no me cierro, que por ahora, los únicos cafés que me he tomado con una amiga han sido en inglés, y estoy encantada. Porque pocas cosas hay mejores en la vida que sentirte a gusto con alguien, hablar del mar y de los peces mientras te ríes, te emocionas o te sientes en los zapatos de la persona que tienes en frente.

Pasado un año, ya puedo decir que tengo alguna amiga y que esto es una labor de pico y pala, como toda amistad. No puedes mantener ninguna relación humana que te interese si no la cuidas y le dedicas un poquito de tu tiempo. Basta una llamada, un whatsapp, un café o una confidencia, pero hay que trabajarla y ponerle cariño. Estoy en un nuevo entorno, con circunstancias distintas y toca esforzarse: encontrar gente con la que surja una chispa, algo en común que te haga sentir cómoda y apuntarte a lo que sea, a ver si suena la flauta. Sólo me queda arrastrar a mi querido Mr. Good a una barbacoa, para que él también sienta la magia, pero todo se andará.

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4 pensamientos en “UN CAFÉ CON UNA AMIGA

  1. Ayyyy mi Pego de mis entrañas!!!!! Ahora me parecen poquisimos todos los cafes que hemos compartido y un autentico despilfarro todos los que no nos tomamos.
    Lo que daria ahora por poder llamarte y cruzarme Madrid en dos o tres horas para compartir una ratito de risas, cotilleos y cortar unos cuantos trajecillos contigo y sobretodo sobretodo de volver con esa sonrisa que se te queda cuando has hecho algo tan sencillo y que te ha llenao tanto la vida.
    Pero no sigamos por ahí, que ya lloré bastante con el post anterior. Ahora estoy disfrutando de la Pego escritora y la verdad es que es una autentica maravilla y así como quién no quiere la cosa estoy al tanto de ti y de tu vida, que es de lo que se trata, el método empleado, hoy por hoy, es secundario.
    Iran cayendo a tus pies según te vayan conociendo, igual que hicimos todos porque no queda otra que enamorarse de ti mi pequeña gran amiga y una vez dentro ya es imposible sacarte.
    A por ellos que son pocos y cobardes!!!!
    Te quiero, siempre.

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  2. Que gran verdad, cuando dejas tu ciudad, y ya no te digo tu país, es muy difícil encontrar “amigos” y sobre todo amigos de verdad, de los que están para lo bueno y lo malo, que es donde se sabe quien es tu amigo.
    Yo, ahora y después de muchos años, puedo decir que tengo amigos de verdad, excluyendo a mis amigos de la infancia y juventud que nunca te defraudan y aunque no los veas sabes que están ahí
    Susana con tu forma de ser no te costará nada encontrarlos

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