LA DISTANCIA

La distancia es una mierda. Así, sin eufemismos. Será que empiezo a escribir esto un lunes, que el principio de semana cuesta cuando has pasado tres días feliz con tu familia. No es una queja, es que es así, y la invención del teletransporte está tardando demasiado. No soy la primera ni la última en vivir tan lejos, y por suerte tenemos disponibles un montón de medios  para seguir en contacto, porque no sé cómo lo hacíamos antes (Lucy, ¿cómo lo conseguimos?). Pero la distancia se siente cuando estás lejos de lo que siempre te ha rodeado, de tu “zona de comfort”. Antes mi familia cercana era mi hermana, tres sobrinos, tres perras y mis padres, que vivían a poco más de un kilómetro de casa. Ahora mi familia se ha reducido a dos personas, maravillosas ambas. Tenía amigos a tiro de piedra y otros en la otra punta de Madrid. Estaban mis compañeros de trabajo, mis sitios habituales de compras, de copas, de comida o cena. Tenía mi peluquería y mis clases de pilates. Y algunos fines de semana en Alicante, con mi hermano y Ñeñé, me daba un baño de mimos y atenciones.

Todo esto ha quedado ahora MUY lejos, a miles de kilómetros. Y lo echo de menos, todo, incluidas las prisas y los atascos. Me doy cuenta lo poco que se aprecia lo que tienes cuando está cerca y a tu alcance. Todas esas cenas a las que no fui por pereza, las comidas familiares a las que acudía a regañadientes, los viajes que me perdí por no organizarme bien, los paseos que no di con mis perras porque hacía frío, o calor, o tenía prisa, o cualquier excusa para no salir a la calle. Recuerdo ahora mi oficina, cuando andábamos “como geisha por arrozal”. Me arrepiento de no haber compartido más tardes con mi madre o haber dejado que mi pequeña Miss Sunshine disfrutara más de sus abuelos. Y sobre todo me faltan las llamadas de amigos o de mi hermana, contarnos nuestra vida cuando casi no ha pasado nada, marcar su número y no tener prisa por colgar, para contarnos cualquier tontería. Eso es difícil desde aquí, no sólo por la distancia, sino por esta maldita diferencia horaria, que es que vamos al revés, que cuando estáis empezando el día, yo estoy organizando planes para entretener a la pequeña de la casa. Y cuando tenéis un rato para charlar, ya estoy en horario de cena o a punto de caer rendida en la cama.

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Cielo de Madrid

Pero entono el mea culpa, porque yo soy la primera que no llamo o no envío un mensaje para ver qué tal. Se hace difícil la espontaneidad así, estando pendiente de horarios y quehaceres. Pierdo la cercanía, no física, que esa está más que traspapelada, sino la del día a día, la de conocer la rutina de mi gente y saber si una estaba de viaje, la otra ha llevado al niño al pediatra o el de más allá está enfadado con su novio y han quedado para arreglarlo. Porque a mí me gusta contar mi vida, pero me encanta conversar con mis amigos sobre la suya y que no perdamos el contacto. Y aunque lo mismo no hablábamos tanto cuando vivía más cerca, siempre sabía que los de siempre, los de verdad, estaban dispuestos para una cena de “gallinas”, un Bienmesabe, una tarde con niños o una comida porque sí.

Me voy a poner cursi y melancólica, pero es que me pierdo muchas risas e historias ahora, muchos planes que organizáis y muchos problemas que ayudar a resolver. A casi todos os he vuelto a ver en este último año, mucho más de lo que esperaba, incluso. Porque cuando me fui no imaginaba bien lo que sería esta distancia. Intuí lo que supondría no veros cuando nos despedimos y vuestros abrazos me llenaron de amor. ¡Jolín, que no sabía todo lo que me queríais algunos! Y cada vez que os he reencontrado, lo he sentido, y no sabéis lo que os agradezco ese cariño que se echa de menos. Que entre mi pequeña Miss Sunshine y mi querido Mr. Good llenarían playas enteras con todo lo que me quieren, pero los que me conocéis sabéis que soy una adicta a la amistad, y conservo amigos hasta de mi más tierna infancia. Pero para rematar el hecho de vivir al otro lado del mundo, he dejado a mis padres muy solitos, con el peso de todos sus años y la pérdida feroz de memoria. Resulta casi imposible borrar su cara descompuesta cuando se despidieron de mí la primera vez, creyendo que no me verían más. Y es que no voy a tener años suficientes para agradecerles a mi madre y a mis hermanos del alma su generosidad cuando me decían que tenía que vivir mi vida. Va a ser muy difícil compensar los malos ratos que sobrelleva mi familia y no sé cómo podré devolverle a mi hermana el favor de haberse hecho cargo de mi chica Frida. Sólo se olvida esta distancia cuando siento la mirada enamorada de mi querido Mr. Good y la alegría de mi pequeña Miss Sunshine disfrutando de esta familia feliz de tres que hemos formado.

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2 pensamientos en “LA DISTANCIA

  1. Susana guapa. Mucho ánimo! Qué decirte…, si hasta estando al lado no se logran hacer las cosas deseadas. Ni siquiera ver a la gente que te importa. Como dices, por las prisas o lo que sea.
    Disfruta mucho allí de tu nueva familia y tu nueva vida en la distancia. Sé que no te olvidas de los tuyos.
    Muchos besos y suerte corazón! 😘

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