SINGAPUR PARA MÍ ES…(I)

Singapur para mí es calor. Continuo, no cambia. Pasamos el año entre 28º y 32º. No es para tanto, ¿verdad? Pues a eso súmale una humedad del 70% como mínimo. Hazte a la idea que vives sudando casi permanentemente, como si llevaras una sauna portátil encima. Algunos días llega a ser realmente sofocante, aunque te acostumbras, por muy imposible que me pareciera al principio. Ya no tengo esa sensación al salir a la calle, como si alguien abriera la puerta del lavaplatos recién terminado el ciclo de lavado. Ahora no me impacta tanto ver gente haciendo “running” por la calle, que van solitos, sin nadie que les obligue, oye.

Vivimos en un verano constante que te obliga a vestir casi de playa, mientras no tengas compromisos laborales o sociales. Calzas chanclas, usas tirantes y pantalones cortos y no te sueltas el pelo allá te maten: estoy hecha toda una guiri. La chaqueta y la corbata están desterradas en el trabajo, por suerte, y hasta la clase política asiste al funeral del Padre Fundador de la Nación en mangas de camisa o con un polo, como si fueran de picnic. Sin embargo, para asombro de unos recién llegados como nosotros, pudimos comprobar que las tiendas siguen las temporadas occidentales, y en el invierno del hemisferio norte aquí no hay quien encuentre un pantalón de lino. Hay parkas, jerseys de lana, abrigos, botas, pantalones de pana y hasta bufandas. Ya le he dicho a mi querido Mr. Good que me despierte si una mañana amanece todo nevado, que tengo guardado un jersey de cuello alto bien gordito, que me traje por error.

Este calor permanente suele ir acompañado de cielos nubosos. La gran mayoría de los días se hace difícil ver el sol, la luna o las estrellas con tanta nube. No me di cuenta lo que echaba de menos un cielo despejado hasta que volví a España. Aunque a veces luce el sol, y no sabes si es peor. Siendo positiva, lo bueno de este clima es que te olvidas de cremas hidratantes y body milk. Un sérum ligerito que frene las arrugas, tu pelo recogido, calzado cómodo para pies hinchados y a las calles. Bueno, salvo que llueva. Porque aquí cuando llueve, jarrea. Y no puedes predecirlo con este cielo eternamente cubierto. Excepto de noviembre a febrero, aproximadamente, que es la época de lluvias, y con toda probabilidad tienes un chaparrón diario. Empieza con unas gotas gruesas y dispersas y termina cayendo el cielo sobre ti. Lo acompañan truenos ensordecedores y relámpagos que iluminan las tardes más grises. Por lo general, no duran demasiado, aunque a veces se dejan el grifo abierto por ahí arriba y más vale que te pille en casa si no quieres volver a nado.

Otra peculiaridad en el ambiente es el haze (pronúnciese jeis). Se trata de un regalo envenenado que hacen los vecinos de Indonesia durante los meses de agosto y/o septiembre. Queman sus campos de turba sin control para cultivar aceite de palma y provocan una nube tóxica de humo que llega a extenderse por todo el sudeste asiático hasta Filipinas. Esto trae como consecuencia unos niveles de polución y un tufo a quemado que hacen bastante desagradable, si no poco recomendable, salir a la calle. La niebla así ya es de miedo y recomiendan el uso de mascarillas en el exterior y purificadores de aire en casa. Cancelan las clases por la toxicidad del aire y vives pendiente del índice de polución (PSI), lo que anima mucho las conversaciones, porque todo el mundo te cuenta lo que le afecta y lo pesado que es vivir así.

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Lluvia, sol, nubes, haze sobre Singapur

Singapur, además, suena a obras. Las excavadoras y camiones son el sonido de la ciudad. Quizás sea porque padecemos una obra interminable al lado de casa y es el runrún que nos acompaña de lunes a sábado. No es de extrañar que mi pequeña Miss Sunshine aspire a ser conductora de hormigonera de mayor. Aún me choca ver tanta grúa salpicando el paisaje, viniendo del descalabro de la burbuja inmobiliaria española, igual que me desconcierta ver carteles de help wanted en los comercios. Eso en España es casi como una leyenda urbana. En realidad, una vez que termina la jornada laboral en la construcción, la ciudad recupera un silencio que se agradece.

Singapur es una ciudad bonita, siempre que te gusten los grandes edificios, de avenidas amplias y callecitas pintorescas. Entre tanto hormigón, sobreviven las casas coloniales, todas alineadas, con sus soportales y sus contraventanas de colores, e impresiona la vegetación que se extiende por la isla. Es un país muy verde, hay verde en todas partes: árboles imponentes en los muchos parques que existen, plantas que crecen desaforadas en cualquier rincón y jardines frondosos hasta en lo alto de los edificios o en huecos salvados en sus estructuras. Esto me encanta.

Conducen por la izquierda, herencia inglesa, y tienes que andar atento, pero no hay mucho tráfico, comparado con Madrid. No tiene lógica, teniendo casi el mismo número de habitantes. Y es que un coche es todo un lujo. Pero un lujo estratosférico. Un utilitario normalito, de los que en España estarían destinados a jóvenes conductores, aquí multiplica por 10 su coste. ¡Una locura! Y ríete tú del impuesto de circulación de nuestros municipios: aquí se pagan diez años por adelantado, lo que equivaldría por sí solo el precio de compra de un coche de gama alta en nuestro país. No obstante, ves una cantidad de vehículos de lujo, que ni en Puerto Banús. Que está claro que este es un país rico, con gente muy rica y gustos de ricos. No hay más que pasear por Orchard Road, la principal calle de compras. Es imposible encontrar más concentración de marcas de lujo en un solo lugar: hay hasta tres tiendas de una misma firma inalcanzable en tres kilómetros de avenida. Se te queda una cara de pardillo tras el escaparate que da pena. Porque Singapur es caro, muy caro para la gran mayoría de las cosas. Excepto los taxis, pero eso os lo cuento otro día.

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8 pensamientos en “SINGAPUR PARA MÍ ES…(I)

  1. Como me gusta leerte, me apetece leerte, me mola leerte. Es como si te tuviera al teléfono, contandome tus aventuras. Que suerte que nos haya pillado tanta tecnologia para hacer de esta salvajada de kms que nos separan una circunstancia incomoda.
    Espero ya el siguiente.
    Because I love so much baby baby baby(con tono de ducha desafinado y berreante)..

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