¡SALUD! GRACIAS

Me perdonaréis si hace semanas que no escribo directamente sobre mis andanzas, pero han sido unos días un poco complicados, de nuevo por culpa de la salud. Esta vez le ha tocado a mi querido Mr. Good que, semanas después de someterse a una aparentemente sencilla cirugía de menisco, se convirtió en asentamiento de unas bacterias más persistentes que los indignados del 15-M. Esto le llevó a ingresar de urgencia con una infección severa en la rodilla y un buen susto en el cuerpo. El calor y el uso desmedido de aires acondicionados, no siempre bien higienizados, hacen que cualquier microorganismo se convierta en un gigantesco monstruo voraz que infecta lo que se le ponga por delante. Afortunadamente, ya tengo en casa al portador más elegante de una bomba de infusión de antibióticos del Sudeste asiático.

IMG_6030

Ponerse enfermo fuera de casa es un incordio. Digo fuera de casa porque aquí no tenemos ni madre ni suegra que nos echen una mano, y a mí, que soy muy de somatizarlo todo, la logística hospital-niña-perra-casa me ha superado, a pesar de la ayuda de algunas buenas amigas. El caso es que, entre esta última aventura sanitaria y todas las afecciones por las que he pasado en Singapur, puedo decir que tengo más práctica en hospitales locales que en los españoles. Y la verdad, no difieren mucho. Los públicos, bien dotados y hasta la bandera, porque, aunque el sistema sanitario singapurense es uno de los más caros de la zona, los nativos lo tienen subvencionado (mediante un programa obligatorio de cuentas de ahorro y seguros para el ciudadano). Y los privados, muy exclusivos y con ganas de atizarte un buen mandoble si quieres evitar esperas.

En general, la medicina en Singapur está bastante avanzada y los médicos muy valorados. Casi todos han completado su formación fuera del país, y pertenecen a una élite social muy reconocida. Sin embargo, no sé si por indicación de las aseguradoras, de la dirección de algunos centros privados o por iniciativa propia, casi todos tienden a excederse en la prescripción de pruebas médicas a los expats, con el consiguiente desembolso económico por parte del paciente, que se siente ordeñado cual vaca lechera. Deben de dar por hecho que estamos “forrados” o que las empresas cubren todos los gastos, pero la realidad es otra, y sólo el hecho de contratar un seguro médico privado en este país es sangrante. Porque todo en Singapur es caro, muy caro, como os he comentado en múltiples ocasiones.

También llama la atención la afición a recetar antibióticos para curar cualquier mal. Que es verdad que las bacterias aquí campan a sus anchas y, como hemos podido comprobar, hay que temer a las infecciones como al lobo feroz, pero luego vienen las molestias gástricas y las facturas astronómicas de la farmacia, y vuelta a empezar con la visita al médico. Por suerte, abundan las pequeñas clínicas de familia en todos los barrios, que hacen más asequible la consulta médica y más cercano el trato. Porque, eso sí, la atención del personal sanitario en todos los centros que hemos visitado, y en especial durante la estancia en el Hospital General de Singapur, ha sido excelente y, como siempre, quiero resaltar mi admiración hacia l@s enfermer@s, que realizan una labor impagable con paciencia, cariño y entrega.

 

Anuncios